Tierras Desoladas Wiki
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Una mancha en nuestra historia reciente. Nuestra tierra y sus gentes cambiaron para siempre por los conflictos mundanos y egoístas de unos pocos.

–Lordan Hauster, Cronista de las Tierras Desoladas.

Batalla entre soldados de Puerta del Tral y Mesrin.

La guerra de los Ríos fue un acontecimiento ocurrido en la etapa final de la era Desolada. El desarrollo y las consecuencias del conflicto fueron de tal magnitud que cambiaron no solo el panorama territorial de la región de los ríos, sino que la política, religión, incluso la moralidad cambió para la gran mayoría de habitantes de las Tierras Desoladas.

La guerra quedó formalmente oficializada cuando Davos Deirin, conde del condado de Aldalón, se marchó de Puerta de Tral, ante los condes, autoridades y los aventureros mas influyentes allí reunidos, tras no encontrar respuesta a su pretensión a ser coronado como el autoproclamado "rey de los rios", ni por los presentes ni por la ausencia del Duque de Puerta del Tral.

El Desafío de Davos

En el séquito que acompañó a Davos, había estandartes de los hermanos Mesrin y de la familia O'Black, confirmándose que contaba con la fuerza militar de estos condados. No se tardó en conocer la noticia de que el conde de Kalrait, Jason Kalrait, había sumado a su estandarte. Por tanto, no solo Aldalón desafió a Puerta del Tral, sino que tres condados más se unieron a la guerra en su contra, suponiendo un duro revés para la moral de los nobles de Puerta del Tral, ya que su máxima autoridad, el Duque, estaba recluido por elección propia en su palacio. Pese a esto, el único condado que decide mantenerse leal al Duque y a Puerta del Tral fue el condado de Reiss. No solo por sus alianza en el pasado, sino porque también era conocida la enemistad entre Analisa Reiss con los hermanos Mesrin, no permitiendo que las fuerzas de Puerta del Tral lucharan solas.

Durante las dos primeras semanas se realizaron las hostilidades, principalmente batallas a pequeña escala desde un condado a otro. Puerta del Tral y Reiss, en el centro de la región de los ríos, eran asaltadas por el este por Aldalón y por el oeste por el resto de condados enemigos. También durante este tiempo viajaron los mensajeros de uno u otro bando en busca de reclutamiento de aliados para reforzar sus ejércitos. Muchos aventureros prepararon sus armas, buscando posicionarse en uno de los dos bandos por dispares motivos, ya fuera gloria, oro o motivos personales.

Carga de los dos ejércitos en la batalla de la carretera del oeste.

La batalla más destacable e importante del momento ocurrió a la tercera semana. Las fuerzas de Aldalón, Kalrait O'Black y Mesrin se concentraron en la carretera del oeste, en los límites de la frontera con Puerta del Tral con intención de atravesarla. Las fuerzas unidas de Puerta del Tral y Reiss se reunieron en la frontera formando las líneas defensivas, y aunque eran menores en número, contaron con numerosos mercenarios y aventureros que prestaron apoyo a su causa.

La batalla fue intensa, prolongada y sobre todo sangrienta. A pesar de la contundente carga de los caballero de Tral, las fuerzas de Mesrin y sus aliados eran superiores, rodeando al ejercito defensor a medida que iba avanzando la contienda. Las estrategias de uno y otro bando empezaron a dar resultado en el bando de los atacantes, obligando a las fuerzas de Puerta del Tral a ceder terreno. El constante empujé obligo a los comandantes de Tral a retroceder hasta las murallas de Puerta del Tral para reorganizarse y esperar refuerzos. Sin embargo los refuerzos no llegarían hasta ellos, ya que el ejercito O'Black había tomado la frontera norte, llevando acabo incursiones, principalmente a los ejércitos y refuerzos que partían desde el castillo Reiss.

Ante la ausencia de más refuerzos, las fuerzas de Tral quedaron confinadas en su propio bastión. Davos Deirin, confiado en la victoria , marchó con el grueso de sus fuerzas hacia el lugar, comenzando el asedio de Puerta de Tral. Los ejércitos de Aldalón, Mesrin y Kalrait iniciaron el asedio, mientras que el ejercito O'Black hostigaba el norte y el este impidiendo cualquier tipo de refuerzo por parte de los aliados de los defensores.

Aunque el ejército atacante era muy superior, encontraron serias dificultades para intentar sobrepasar los muros del bastión, sin ningún resultado. El asedió se prolongó un tiempo mientras eran constantes los asalto a las murallas y almenas de Puerta del Tral, así como el corte de suministros y drenar los recursos dentro del bastión. Este asedio sembró el pesimismo y discordia dentro de Puerta del Tral. No solo en la población civil, sino entre los nobles y autoridades del bastión, que empezaron a discutir y a luchar de forma interna por intentar controlar la situación, ya que, con la ausencia del Duque, había un vacio de poder y no había una autoridad superior dentro del bastión. Algunos nobles empezaron a planear una rendición total a Davos Deirin, por el precio que fuera, empezando a unirse cada vez más de ellos. Pero todo eso cambió cuando las puertas del Palacio Ducal se abrieron, saliendo de su interior el Duque de Puerta del Tral.

La Santa Marcha

La aparición del Duque fue una sorpresa para los habitantes de Puerta del Tral, más aun si cabe cuando contemplaron con estupor que ya no portaba la mascara de porcelana que durante tantos años había ocultado su identidad, mostrando en ese momento el rostro de un anciano deforme con múltiples heridas infecciosas en la piel. A pesar de su deplorable estado físico, el Duque habló firme y tajante. Explicó a su pueblo que durante años había sido presa de una terrible maldición, y que las últimas investigaciones realizadas acusaba a los hermanos Mesrin de tal ataque, valiéndose de rituales arcanos que han afectado a su persona hasta dejarla en el umbral de la muerte.

Argumentando que tenía las pruebas necesarias no solo para acusar a los condes de Mesrin, sino a la familia O'Black de practicantes y simpatizantes de magia oscura, el Duque pidió oficialmente la ayuda de la Santa Hermandad para arrestar a los practicantes de magia acusados. La respuesta no se hizo esperar cuando un mensajero ya traía la noticia de que Isabela de Tral, la gran maestre de esta orden, estaba informada de esas investigaciones que tanto el Duque como algunos aventureros le hicieron llegar. Para sorpresa de muchos, dicho mensajero argumentó que un enorme ejército de la Santa Hermandad había ya partido de Shamar y ya estaba de camino a Puerta del Tral. Dicho lo cual, la Santa Hermandad entró oficialmente en la guerra de los ríos en favor de Puerta del Tral.

El avance de la Santa Marcha.

Sin embargo, la orden que luchaba contra los practicantes de magia arcana no fueron los únicos aliados que pudo obtener el Duque tras semanas de reclusión en el Palacio Ducal, valiéndose de correos y mensajeros secretos. También declaró que la orden de caballería, La Orden de la Llama Eterna, había aceptado su solicitud dada la buena relación que tenía el Duque con el Maestre Mesian Del'Elsh, además de entregar una sustanciosa donación a la orden de la Llama para subsanar los gastos de guerra. Partiendo desde Tarante con otro poderoso ejército que no tardó en unirse al ejército de la Santa Hermandad. La enorme hueste de los dos gremios militares se dio a conocer comúnmente como "La Santa Marcha".

Puerta del Tral no solo se vio reforzada militarmente, sino que el Duque de Puerta del Tral, tras comprobar cómo su ejército estaban al límite tanto en efectivos como en recursos, solicitó un importante préstamo al gremio Mercantil de Galparan para hacer frente al numeroso gasto que suponía reforzar a sus efectivos con los recursos suficientes como para acompañar a la Santa Marcha en este giro de campaña.

La estrategia del Duque y el usar todas sus influencias en secreto para pedir ayudar a los gremios más poderosos del momento pilló por sorpresa a Davos Deirin que, en su confianza y orgullo, no se hubiera imaginado que ni la Santa Hermandad ni la Llama Eterna se entrometieran en la política y guerras de los ríos, más aun cuando ayudaron al conde de Aldalón en el pasado durante el Incidente de Aldalón. Davos Deirin decidió continuar el asedio antes de que este nuevo ejército llegara a Puerta del Tral y tomar el bastión para resistir en este punto a la Santa Marcha. Sin embargo, y a pesar del constante asedio que sufrió el bastión, la estrategia del conde de Aldalón se fue a pique cuando llegaron malas nuevas desde el norte, tanto para él y sus aliados de Mesrin.

La Santa Marcha se movía por el norte demasiado rápido. En vez de acudir directamente a Puerta del Tral a auxiliar al Duque, la Gran Maestre Isabela de Tral encabezó el enorme ejercito hacia el castillo O'Black, acabando con sus ejércitos y dispersándolos con suma rapidez, cercando el castillo. Cuando los O'Black esperaban capitulaciones ante los maestres de la Santa Hermandad, Isabela acusó a toda la familia de practicantes de magia negra y de herejes malditos, dado a que no solo ayudan a los hermanos Mesrin en sus heréticas intenciones, sino que ya dos miembros de su propia familia ya habían sido acusados en el pasado de ser arcanos practicantes de magia negra, siendo ejecutados en la hoguera, dejando a la familia bajo sospecha por parte de la Santa Hermandad durante este tiempo.

El castillo O'Black es arrasado.

Sin ningún remordimiento, Isabela de Tral ordenó a las fuerzas de la Santa hermandad asaltar, arrasar y quemar el castillo O'Black. Dada a la magnitud de su ejército, el castillo ardió por completo a las pocas horas y sus llamas no se extinguieron aun cuando pasaron varios días, dejando unas ruinas humeantes y carbonizadas. Esta noticia hizo temblar al hasta ahora el confiado ejercito de Davos Deirin, Mesrin y Kalrait. Principalmente en este último, cuando Jason Kalrait recibió la noticia de que la Santa Marcha se dirigía ahora a su propio castillo. Cuando supo de esta noticia, Jason abandonó a sus aliados y se dirigió rápidamente al castillo Kalrait, no con la intención de defenderlo, sino de buscar una negociación que diera mejor resultado que a los exterminados O'Black, horrorizado de pensar en acabar como ellos.

Cuando el ejército de la Santa Marcha llegó a Kalrait, Jason Kalrait decidió rendir el castillo ante Isabela de Tral quedándose de rodillas ante la gran maestre y sus generales en actitud suplicante, aceptando todas y cada una de las condiciones que se le impuso. Entre estas condiciones, la santa hermandad ordenó la captura a todos los consejeros y leales vasallos por herejes y conspiradores, siendo perseguidos y ejecutados. Las condiciones pactadas fueron la disolución del ejército de Kalrait, la expropiación de bienes hasta subsanar los gastos de la campaña de la Santa Marcha y, el más importante, abandonar la causa de los Mesrin y Davos Deirin.

Aceptando una a una todas las condiciones, el estandarte de Kalrait abandonó por completo la guerra y la causa de Davos Deirin. El cual, viendo que la Santa Marcha se acercaba peligrosamente a su restante ejercito, el abandono de varios de sus aliados iniciales, y a petición de unos histéricos hermanos Mesrin antes la amenaza de que la Santa Marcha avance ahora hacia Mesrin, Davos decide levantar el asedio de Puerta del Tral y marchar a Mesrin para reorganizarse y defender el fuerte. A pesar de las peticiones de ayuda, el castillo de Aldalón quedó abandonado a su suerte por parte de su señor Davos.

Puerta del Tral pudo resistir el constante asedio, pero a duras penas.Muchos edificios se habían perdido durante el asedio y el poderoso ejercito que una vez formaba Puerta del Tral solo quedaba una pequeña parte. Con lo poco que quedaba de los ejércitos de Puerta del Tral así como de Reiss, El Duque ordenó a sus generales salir y unirse a la Santa Marcha para cercar ahora el castillo de Mesrin. Para acabar por siempre con las pretensiones tanto de Davos Deirin como de Malder y Breiler Mesrin.

El Desastre de Mesrin

El enorme ejército que componía la Santa Marcha, junto al restante ejercito que componía las fuerzas de Puerta del Tral y Reiss, así como el voluntariado o reclutamiento de todos los aventureros influyentes de la era Desolada, llegaron ante las puertas amuralladas de la ciudad de Mesrin bajo una ligera neblina. A pesar de su descuidado estado, el castillo de Mesrin era una fortaleza que estaba a la par con Puerta del Tral, y dado que la guarnición que protegía sus murallas era el resto del ejercito conjunto de Aldalón, Mesrin y numerosos mercenarios contratados a ultimas instancias, el asedio prometía ser largo y sangriento.

Antes de comenzar el asedio, Isabela de Tral junto a Mesian Del'Elsh, generales de Puerta del Tral y Reiss, así como algunos aventureros solicitaron hablar con Davos Deirin y los hermanos Mesrin, en un intento de capitular para evitar el conflicto. Los asediantes exigieron la entrega del conde de Aldalón para que fuera juzgado por ser el principal responsable de esta guerra, así como de los hermanos Mesrin por ser los supuestos maquinadores de la maldición que sufrió el Duque de Puerta del Tral que lo había dejado en tan deplorable estado. Asimismo la Santa Hermandad exigió la entrega de todos los artefactos ethurios que los hermanos tenían en su poder. Todas las exigencias fueron rechazadas y se produjo el inevitable asedio.

El asedio de Mesrin.

Tanto Davos como los hermanos aprendieron de sus errores en Puerta del Tral y organizaron bien sus defensas, disponiendo de numerosos efectivos para resistir incluso contra el ejercito de la Santa Marcha. Se llevaron a cabo varios intentos de asalto por parte de los asediantes, pero apenas consiguieron aguantar en las almenas antes de volver a ser expulsados fuera de las murallas. Tanto soldados, mercenarios, caballeros así como aventureros, las bajas se contaban por centenares en ambos bandos.

El asedio se prolongó durante varios días. El ambiente tanto en el castillo asediado como en el campamento de los asediadores se volvió pesimista y lúgubre, el surgimiento de una tenue niebla que rodeaba el asedio no acompañaba la estampa al observar a los cadáveres repartidos por doquier de un bando y de otro. Sin embargo la lucha debía de continuar.

Finalmente se consiguió abrir una brecha gracias a la incursión de un nutrido grupo de aventureros, reforzando el ataque de los asediantes contra los defensores del fuerte. Las calles de Mesrin se convirtieron en un baño de sangre bajo la perpetua neblina que no se disipaba, espectadora de los dos ejércitos que se enfrentaban sin cuartel. Y aunque parte de la muralla había sido tomada, los dos ejércitos seguían igualados. Para compensar esta situación, Isabela de Tral junto a Erik Straus y el resto de sus maestres y guardia de élite de la santa hermandad cargó para romper las líneas enemigas. Cuando los defensores empezaban a retroceder, ocurrieron varias explosiones entre las filas de los maestres.

Las explosiones mágicas se ejecutaron de forma intencionada sobre las filas de las Santa Hermandad. Al principio, a causa de la niebla que iba ganando en espesor e intensidad, era difícil de reconocerlos. Un grupo de arcanos se había infiltrado en el fuerte y atacaban a las filas de la orden militar. Este grupo se dio a conocer como el Colectivo Arcano, hasta ahora desaparecido y no relacionándose con este guerra. Y sin embargo aparecieron comandados por su líder, Lechuza, con la intención declarada de asesinar a la gran maestre y a sus maestres para darle un golpe definitivo a la Santa Hermandad.

Con estos enfrentándose a sus verdaderos rivales y luchando por la supervivencia, el combate se endureció en ambas partes. La orden de la Llama Eterna tomó la iniciativa ante el ataque y desgaste que estaba sufriendo la Santa Hermandad por parte del Colectivo Arcano, reforzando el ataque contra la última línea defensiva donde el mismísimo Davos Deirin junto a los hermanos estaban posicionados. Un asustado Davos huyó cuando vio que esa línea de defensa se venía abajo tras el prolongado y sangriento combate. Sus hombres vieron esto y decidieron tomar su ejemplo, más no fueron los únicos que intentaban escapar. Los hermanos también lo intentaban mientras su ejercito seguía luchando a la desesperada, en un vano intento de evitar la victoria de las fuerzas asediantes, a pesar de que tanto la Santa Hermandad como el Colectivo seguían en su particular guerra en donde la mismísima Isabela y Lechuza se enfrentaban en combate singular.

La victoria estaba casi al alcance, o eso pensaban todos, hasta que un brutal rugido surgió entre la densa niebla. Entonces todo se detuvo, los combatientes miraron con temor a su alrededor, incapaces de identificar que o de donde venía ese rugido.

El dragón de las Sombras hace su aparición en Mesrin.

Una gigantesca silueta con forma de dragón surcó los cielos nebilosos, atravesando la niebla por encima de Mesrin, mientras rugía desafiante ante aquellos que luchaban dentro del castillo. Algunos aventureros reconocieron a ese dragón con temor en los ojos, era el dragón de las Sombras, el cual atravesó la espesa niebla para ser participe de la matanza que se estaba llevando acabo, a una escala mucho mayor. Con solo unas pocas pasadas, el dragón de las sombras barrió escuadras enteras de soldados, sin distinguir entre defensores o asaltantes, muchos cayeron presa de sus poderosas llamas, otros intentaron huir a ciegas por la ya fuerte niebla.

Pero incluso entre los rugidos del poderoso dragón, una risa femenina e histérica entraba en los oídos de los combatientes cual zumbido se trataba. Aquellos que una vez lucharon para atacar o defender las murallas de Mesrin, contados por millares desde el inicio del asedio, se volvieron a levantar para tomar partido una vez más en la refriega, pero en esta ocasión para atacar a los vivos de forma indiscriminada. Esta horda de no-muertos alzados de sus camaradas caídos que ahora cargaba contra los sorprendidos y asustados combatientes, ya fueran defensores o atacantes. Entre estos destacaba la figura que algunos aventureros reconocieron con puro terror, la imagen femenina de La'shan.

En ese momento el asedio de Mesrin terminó de forma abrupta y salvaje. No hubo ni vencedores ni vencidos, tan solo perduró el instinto de supervivencia para escapar de esa carnicería que se llevó acabo por parte de estas dos criaturas y los alzados. Aquellos que consiguieron correr a través de la niebla hasta las murallas derruidas, que hasta hace muy poco habían tomado en el asedio, se encontraron para su terror con que los caídos en campo abierto también se habían alzado, cazando a los que intentaban escapar ya fuera en los alrededores del castillo así como en el campamento de los asediantes. El castillo de Mesrin y sus alrededores se convirtieron en una ratonera. Todo orquestado por la antigua magócrata ethuria.

Los primeros en caer fueron Isabela de Tral y sus maestres. Acosados tanto por los recientes y heréticos siervos de La'shan, así como por los miembros restantes del Colectivo, que a punto estuvieron a punto de lograr su objetivo de asesinato. Más esto no fue responsabilidad de ellos, sino de la incontable horda de alzados. Los no muertos de la Santa Hermandad, así como caídos del colectivo arcano, por una vez se unieron en una infame objetivo, acabar con los vivos. Lechuza en su desesperación, solo pudo comprobar que la niebla que rodeaba el castillo no solo era obra de La'shan, sino que había originado el alzamiento de no muertos. Se dio cuenta demasiado tarde de que su plan para derrocar a la Santa Hermandad había fracasado, y cualquier intento de escapar quedó sepultado en una marabunta de no-muertos.

Los no-muertos de La'shan llevando acabo la matanza en Mesrin.

Tanto Mesian Del'Elsh como el resto orden de la Llama que seguían vivos, fueron sobrepasados y enterrados entre cadáveres alzados mientras estos se daban un festín con sus cuerpos. El mismo destino sufrieron los hermanos Mesrin mientras suplicaban por sus vidas prometiendo lealtad eterna a una desinteresada La'shan, mientras contemplaba con excitación como la casa de los Mesrin desaparecía entre llantos. Davos Deirin huía entre gritos y lágrimas mientras necrófagos lo perseguían, perdiéndose en la oscuras calles de Mesrin. Su arrogancia, así como sus pretensiones se perdieron en las callejuelas de la ciudad.

Los pocos aventureros que aun habían sobrevivido a la contienda se toparon, cara a cara, con La'shan. Y aunque algunos aun confiaban en la victoria heroica, esta se esfumó de inmediato cuando el Dragón de las Sombras se unió al combate junto a la Magócrata en una terrorífica alianza. El destino de estos aventureros quedó sellado rodeado entre la densa niebla, solo pudiéndose escuchar gritos de venganza, desafío, dolor y, por último, de muerte.

Los escasos oficiales o generales que aun vivían y que aun podían combatir, intentaron a la desesperada abrir una brecha entre los no muertos que sitiaban las afueras de Mesrin. Y aunque muchos se sacrificaron en esa acometida, unos pocos pudieron escapar lejos de la contienda que una vez había sido el asedo de Mesrin. Los cuales fueron testigos de primera mano de como la densa niebla que había ido surgiendo a lo largo de la contienda y que rodeaba completamente Mesrin y sus afueras no se disipaba, dejando el destino de esta ciudad oculta bajo esta.

Finalmente, Mesrin quedó en silencio.

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