Abraza la no-muerte y vive con ella, no la desprecies y se uno de nosotros.

–Qui'llah a uno de sus adalides

Qui'llah es la señora de la no-muerte. Antaño fue una arcana experta en el arte de la nigromancia que consiguió conservar su cuerpo en la forma de Liche y su dominio de la no-muerte hizo que Qhrâ se fijara en ella.

Se dice que está permanentemente enfrentada con Elaa y con Cehaiss, pues perturba sus planes y las creaciones de sus discípulos son aberraciones a ojos del dios de la buena muerte y la diosa de la vida.

No se sabe si hay algún templo destinado a esta deidad, ya que la nigromancia es un tema que los arcanos prefieren evitar, al menos en público. Los últimos rumores indican que es una deidad venerada en las Islas Esmeralda y que en el continente se esconden algunas capillas.

Cualquier que patrocine la fe en Qui'llah corre el riesgo de ser atacado por miembros de otros cleros rivales o simplemente de ser encarcelado por nigromante y el miedo que esa palabra sigue provocando en las poblaciones de la región.

Clérigos de Qui'llah

La mayoría de los clérigos pasan sus días en investigaciones centradas en el estudio de nuevos tipos de no muertos, conjuros o simplemente con el fin de comprender mejor la vida, la muerte y la no muerte. La mayoría de estos clérigos han creado numerosos no muertos, algunos de ellos únicos.

Una parte de los clérigos se dedican a patrocinar y dirigir grupos destinados a “patrocinar a al fe”. El patrocinio se consigue desde embalsamando cuerpos, curando a cambio de dinero o saqueando tumbas.

Los sacerdotes de esta deidad suelen ir con ropajes oscuros, de diverso color, al gusto del clérigo y muchas veces cubren sus caras con máscaras que imitan a una calavera. Se dice que algunos de ellos han sorteado las leyes de la vida y son auténticos no-muertos con injertos por todo el cuerpo.

Los clérigos de Qui'llah rezan para sus conjuros a medianoche, el mejor momento para desenterrar los secretos de la noche.

Dogma

La vida y la muerte son rostros gemelos de la existencia eterna. Rendirse a cualquiera de los dos es resignarse a la oscuridad. El verdadero poder yace en la zona crepuscular entre la vida y la muerte. Buscando explorar y extender la condición y la forma mortal (incluso la propia vida mortal), el conocimiento del mundo y de su infinita complejidad se aumenta.

No dejes que nadie interfiera en el progreso de estos investigaciones, porque el resultado final justificará de sobra los sacrificios necesarios por le camino. El conocimiento es poder, y el conocimiento de la vida y la muerte proporciona poder sobre todos los seres, vivos y no vivos.

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