¡Oh Rodgar señor de la guerra, el gran estratega, iluminanos ante un enemigo tan deleznable y todas las alabanzas irán a tu figura!

–Salmo pronunciado por el Duque de Tral antes de la destrucción del castillo O'Black.

 Rodgar es el padre de la batalla y el dios protector de todos los que se dedican a estos asuntos. Es probablemente la deidad más venerada de todas las Tierras junto a Ilmeh y Elaa y la que sin duda alguna, más templos tiene. 

Su templo más grande conocido se encuentra en Puerta del Tral, donde su sumo sacerdote, Agnair Brazoférreo expande su religión por toda la población y alrededores. Al templo llegan hombres de todos los rincones de la región para hacer sus ofrendas votivas y dirigirse a la batalla. Aparte de Agnair, unos diez sacerdotes guerreros custodian el templo. También es muy conocido su templo fortaleza en el Castillo de Tarante, donde la Orden de la Llama Eterna se encarga de su cuidado y del gobierno del castillo en sí.

El Guerrero se encarga de encauzar a los hombres de armas a una victoria segura, a encontrar las estrategias más adecuadas y a guiarlos por el campo de batalla.

Rodgar es un dios de la guerra centrado en la legalidad de la batalla, no en la masacre por la masacre, por lo que sus adoradores suelen ser más militares, aventureros o estrategas que bárbaros o criaturas caóticas que solo buscan arrasar lo que ven. Rodgar no acepta ese tipo de comportamientos entre los suyos, por lo que es extraño que sus clérigos tengan un alineamiento caótico, aunque está permitido.

Clérigos de Rodgar

Sus sacerdotes visten prendas rojas y negras y van a la batalla equipados con normalmente con grandes lanzas pesadas conocidas como "belicosas", pero también es normal verlos con espadones o mazas de guerra, que usan con gran maestría, siendo todos ellos sacerdotes de batalla de gran renombre. Llevan siempre el símbolo de su señor colgando del cuello y realizado en frío acero.

Los sacerdotes de Rodgar rezan sus plegarias al amanecer antes de una batalla, sacrificando un animal pequeño y bañando sus manos en sangre como presagio de lo que está por venir. 

Dogma

Rodgar no gana batallas, él ayuda a ganarlas al combatiente que lo merece. La guerra es justa en cuanto a que oprime y ayuda a todos por igual, y en que en cualquier batalla cualquier mortal puede morir o convertirse en un gran líder entre sus compañeros.

La guerra no debería ser temida, sino vista como una fuerza natural, una fuerza humana: una tormenta que la civilización produce con su simple existencia. Arma a todos aquellos para los que la batalla sea necesaria, incluso a los enemigos.

Retírate de los combates sin esperanza, pero nunca evites una batalla. Mata a un enemigo de forma contundente y detén la batalla con rapidez en lugar de confiar en el desgaste lento o en la prolongación sin sentido de las hostilidades. Recuerda a los muertos que cayeron antes que tú. Define tus creencias, no sea que resulten destruidas. No menosprecies a ningún enemigo y respétalo a todos, pues el valor brilla en ellos sin importar su edad, sexo o raza.

Rodgar favorece a los que se comportan de forma honorable en la batalla sin recurrir a trucos mezquinos como destruir casas, familias o ganado cuando el enemigo esta lejos o atacar por la espalda (salvo si la estrategia lo considera oportuno). Considera las consecuencias de la violencia de la batalla y no hagas la guerra sin ton ni son.

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