Tierras Desoladas Wiki
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Coge mi mano, Syolkiir. Ninguna criatura debería contentarse contemplando los astros en el cielo desde la distancia. Ven conmigo.Toquemos juntos las estrellas.

–—Sylvia Pragolwald, magócrata del Imperio Ethurio.

A lo largo de la historia y en todos sus recovecos explorados o sin explorar siempre ha resaltado algo, perdurase y sobreviviese al paso del tiempo o no: Personas que han sido capaces de grandes hazañas y proezas, dejando una muesca en la línea temporal del mundo. Sylvia Pragolwald fue una de esas personas.

Perteneciente al antiguo Imperio Ethurio, nacida como líder nata y cabeza de la casa Pragolwald, a la corta edad de dieciséis ciclos Sylvia pasó a formar parte del gobierno del Imperio gracias a sus dotes de diplomacia y elocuencia, sin embargo, su mente superdotada fue la que recibió  los mayores méritos. Con una mente como la suya, especializada en aquello que no podía ser percibido y, sin embargo, brillaba por su ausencia, decidió volcar de lleno su vida y carrera en el descubrimiento de lo inalcanzable y etéreo. Tocar las estrellas siempre fue su sueño, y acercarse a las criaturas del cosmos y los planos su única pasión, al menos hasta que Syolkiir pasó a formar parte de la ensortijada ecuación que fue su vida.

Cinco ciclos después ya había inventado cuatro teoremas nuevos, burlado las leyes de la física del mundo natal, y demostrado la presencia del multiverso que hasta el momento había pasado desapercibido para los mayores arcanos y pensantes de la época. La magocracia, en general, acogió a Sylvia y sus avances como una personalidad distinguida, dándole poder y ampliando su economía para las investigaciones que estaban por llegar: El acercamiento a un nuevo mundo. 

Pero su carrera no alcanzaría el culmen hasta abrazar nueve ciclos más, cuando en la magnificente torre flotante y los laboratorios laberínticos que la preñaban consiguió conectar una dimensión inexplorada junto con la terrenal. Fue la primera mortal en poner un pie en ella y adentrarse en sus planicies silenciosas. Por tinta mágica, aquel nuevo mundo sería bautizado como Athrax.

La investigación de Athrax pasó a ser una prioridad para los arcanos más distinguidos interesados en la materia, y juntos hallaron a unos seres, por llamarlos de algún modo, compuestos sólo y exclusivamente de energía. Estos seres vagaban a lo largo y ancho de la dimensión sin interactuar con nada, como si fueran sombras de materia oscura que atravesaban todo cuanto tocaban. Empecinados en intentar encontrarles utilidad, la magocracia comenzó a traerlos a los laboratorios del imperio, investigándolos y haciendo pruebas con ellos. Aunque sus intentos de sacarles provecho y sus esperanzas fueron frustradas tras dos largos ciclos, sí consiguieron obtener algo; aquellos seres eran capaces de repeler la magia existente. Pasaron a llamarlos “Vanos”, cuyo significado se empapaba de seres vacíos, energía que existía y no existía a la vez, aparentemente inútiles y sin surtir efecto alguno salvo el hecho de poder percibirlos. La investigación en ellos fue perdiendo interés y los esfuerzos pasaron a centrarse en la explotación de la geografía de Athrax. Pero la tierra, al principio fresca, se había ido convirtiendo en una plasta húmeda y grisácea que, con el paso del tiempo, parecía ir sufriendo un lento y extraño deterioro… 

Vanos respondiendo ante Sylvia Pragolwald en Athrax, tiempo después de su descubrimiento.

Justo cuando parecía que la dimensión resultaba inútil, y había sido dada la orden de romper la conexión mágica entre un mundo y otro, Sylvia descubrió algo. Los Vanos habían empezado a evolucionar al entrar en contacto con la civilización magócrata. Su comportamiento había variado y su inteligencia incipiente alcanzó un pico de desarrollo de una manera disparatada. Tal fue la sorpresa de Sylvia cuando el Vano que deambulaba flotando por su laboratorio le devolvió una palabra en élfico. Aquello causaría una revolución y furor en las altas esferas.

Durante el último año de conexión entre Athrax y el Imperio Ethurio se sucedió una larga lista de sucesos. Los Vanos comenzaron a interactuar con la materia y lo que los rodeaba. ¿Por qué ahora sí y antes no? Algunos arrojaron al aire. Y es que todo apuntaba a que fue gracias a los experimentos que se habían realizado sobre ellos, sin embargo, por muy raro que pareciera, todos habían caído en saco roto, ¿entonces por qué? A día de hoy no hay libro ni historia que haya aclarado esa incógnita, aún.

Syolkiir materializado por primera vez en los laboratorios de investigación de Sylvia.

A mediados del último ciclo los Vanos habían desarrollado tal inteligencia que eran capaces de replicar la magia que los rodeaba, poseían el “yo” y el individualismo, así como la capacidad de libre pensamiento. Ante el asombro de los magócratas, los Vanos pasaron a tomar forma física; donde antes había energía ahora se materializaban cuerpos de humanos y humanas, elfos y elfas. La imitación pasó a ser un arte, al menos al principio. Sylvia, que hasta el momento había mantenido al Vano de su laboratorio con ella, lo vio convertido en un elfo de grandes ojos rasgados y brillantes, con una miríada de luces encerradas en ellos. Pasó a llamarlo “Syolkiir”, hijo de las estrellas en la lengua elfica más antigua del mundo, y contra todo pronóstico se volvió su más íntimo y cercano confidente…

Sin embargo aquello escalaba demasiado rápido. La misma sociedad de élite cercana al descubrimiento comenzó a torcer su pensamiento. El caos se fue instalando entre ellos y las manos y los conjuros sesgaban la noche más rápido que la palabra. Comenzaron a sucederse una innumerable lista de calamidades unidas por una mano invisible hasta que, por obra de magia vino y por obra de magia fue, dilucidaron que los causantes eran los Vanos. De alguna forma habían establecido poder sobre las mentes de los arcanos más experimentados de la investigación, quienes, enloquecidos, acabaron siendo reducidos por las autoridades mágicas y expulsados hacia Athrax. Se declaró entonces la separación y expulsión total de los Demonios, pues así fueron llamados tras conocer sus insidiosas artes, a su dimensión originaria para sellarla de una vez por todas. 

Sylvia Pragolwald bajo la influencia de Syolkiir.

Antes de que se sucediera el caos final y se descubriera la mano negra de los Demonios, Sylvia Pragolwald, que había establecido un vínculo amoroso con Syolkiir, fue la artífice y principal causante de moverse por las esferas facilitando la locura sobre ellas. Aunque ella no se hubiera percatado, en realidad había caído en la extraña y particular influencia de Syolkiir el Demonio, y a pesar de la diferencia de los congéneres del antiguo vano con él, éste parecía reaccionar de una manera diferente con la humana.

Antes de que la orden de sellado mágico de la dimensión fuera dada por el Imperio Ethurio, Sylvia, junto con la ayuda de Syolkiir, selló su inmensa torre flotante, rebelándose para impedir el paso de sus congéneres arcanos hacia las instalaciones y sus laboratorios. Ahtrax debía permanecer abierto por siempre.

Gracias a la capacidad antimágica de la que gozaban los Vanos antes de convertirse en Demonios, la torre duró durante un fatídico tiempo en el que Athrax comenzó a convulsionarse y transformarse. La tierra húmeda fue sustituida por una costra negra, seca y bulbosa que se extendía hasta el horizonte, como a día de hoy, y la poca luz que tuviera aquella dimensión se fue perdiendo en una infinita oscuridad espacial.

Sylvia Pragolwald combatiendo contra las fuerzas del Imperio Ethurio, en defensa de la Torre Maravilla.

A pesar de los intentos aunados entre los Demonios restantes de la torre, Sylvia y Syolkiir, poco a poco fueron perdiendo las batallas mágicas contra el Imperio Ethurio, y su torre, tras la última gran batalla, se partió en dos creando un vórtice de energía. La dimensión fue separada del plano actual tras encerrar, sellar y expulsar a los demonios que todavía permanecían en el imperio... En un último intento de permanecer con vida, y acusada de traidora, Syolkiir se ofreció a fundirse con ella y volverse un ser con dos voluntades. Sylvia exploró cotas nuevas de poder que la catapultaron hacia el escape del Imperio Ethurio, dejando atrás su vida, sus investigaciones y las tierras que la vieron nacer, pero ahora como una enemiga de las mismas.

Sin embargo aquel no fue el final de Sylvia Pragolwald...

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